A finales del siglo XIX se produjo la segunda revolución industrial. Uno de sus principales efectos fue la sustitución de mano de obra por herramientas, esto es, la utilización de máquinas hacía innecesaria y menos rentable el empleo de personas. Hablando en plata: mayor productividad, y aumento del desempleo.
La evolución técnica desde entonces no se ha reducido, más bien todo lo contrario. Sin embargo el impacto no ha sido el mismo: para determinadas tareas no es rentable el empleo de máquinas frente a personal con cualificación media/baja, y para otras el trabajo no es sustituible (o no fácilmente) por máquinas, o bien requiere más coordinación que sustitución. Lógico también si tenemos en cuanto que el sector servicios gana peso continuamente frente a la industria y agricultura.
En este escenario, es interesante ver la aplicación de la tecnología a tareas que tradicionalmente han dependido de varios actores. Actividades que necesariamente suponían un esfuerzo de coordinación entre personas, ahora puede quedar en manos de un único individuo.
Adjunto un par de ejemplos bastante impresionantes.
Vale, es cierto, se pierde sociabilidad, trabajo en equipo, compañerismo… pero siempre tendremos las redes sociales
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