Probablemente una de las principales inquietudes de gran parte de nuestro entorno venga por la dificultad de conseguir completar parte de la base de la pirámide de Maslow, en concreto lo referente al refugio, cueva, castillo, hogar: vamos, que comprar o alquilar vivienda está complicado estos días.
Dicho de forma un poco más razonada: que en proporción a la gran mayoría de sueldos, el precio de una vivienda digna es considerablemente más caro que hace unos años.
Echando un poco la vista atrás, se ve que hace tan sólo una generación era bastante más sencillo para la gran mayoría de trabajadores, incluidos lo que ahora se podrían considerar “trabajadores modestos” acceder a viviendas que hoy en día muchos trabajadores en puestos más que dignos (abogados, médicos e ingenieros, por ejemplo) no pueden más que soñar. O para la que como mínimo, les supone un esfuerzo financiero titánico.
Al margen de la imprevisión o inacción de los gobiernos que hemos tenido, creo que la situación ha seguido una tendencia inevitable, que la mala gestión ha precipitado. Pero que tiene su origen realmente en la falta de visión, perspectiva e inmobilismo que hemos tenido todos.
La tendencia general es cada vez menos depender de productos, sino de servicios. Cada vez nos interesa menos comprar un DVD, ver la película y guardarlo, que ocupe espacio para ser utilizado 2 ó 3 veces como mucho. Nos interesa ver la película en sí de forma cómoda y económica. No nos interesa tener una despensa con millones de ingredientes y alimentos, y poder dedicar 5 horas al día a preparar platos complicados. Nos interesa comer lo que nos apetezca en cada momento de forma sencilla y barata.
Y cada vez va teniendo menos sentido poseer una casa, un terreno y una vivienda que suponen un esfuerzo económico considerable, una arriesgada inversión, algo que si tus descendientes heredan probablemente ya no necesiten, y que, sobre todo, se deteriora continuamente, aumentando los gastos de mantenimiento y disminuyendo la calidad y la satisfacción que produce.
Me llamó la atención el proceso de construcción de casas prefabricadas en Japón que localicé a través del blog de Kirai (una estupenda referencia a la cultura japonesa). No ya por el tiempo de construcción (1 día!) sino por cómo el ciclo de vida de la casa se acelera y de media se renueva cada 30 años (impensable hoy en día por aquí). Recomiendo ver los enlaces, el proceso es bastante impresionante.
Esto permite abaratar mucho los costes, y adaptarse mucho mejor: se facilita tanto el cambio de domicilio como renovar la propia vivienda.
Kirai comenta precios: “Este tipo de casas prefabricadas cuestan entre 10 y 20 millones de yenes (entre 90 y 180 metros habitables), no es muy caro. Lo que sube el precio es el terreno, que por ejemplo en Tokyo cuesta desde un millón de yenes (6.000 Euros) el metro cuadrado hasta varios millones según la zona. Lo que se suele hacer es comprar el terreno y luego ir reconstruyendo la casa cada dos o tres décadas.”
Efectivamente el precio de la casa está tirado, y el suelo es caro… aunque considerando el precio al que están las capitales españolas, y que nosotros tenemos bastante más espacio para construir y nóminas proporcionalmente más bajas… pues es más o menos razonable.
Tal vez considerar la vivienda como un bien que debe protegerse y penalizar la especulación (con impuestos proporcionales al número de transacciones que una persona física o jurídica realice sobre una vivienda, por ejemplo) ayude a hacerla más accesible, lo que está claro que sortear unas pocas viviendas no es una gran solución (para eso en vez de pagar impuestos directamente juego al euromillón).
Pero, teniendo en cuenta que gran parte de los trabajadores lo son para poder costearse una vivienda, o al menos se ocupan en empleos que suponen un gran esfuerzo con ese fin… si ésta fuera fácilmente accesible… ¿No se ralentizaría fuertemente la economía? El resultado sería similar a si, por ejemplo, se implantara Renta Básica universal: aquí no trabajaría ni uno.
Así que la vivienda es por un lado una necesidad cada vez más complicada de obtener, y por otro lado el motor de la economía (a la par que motiva para trabajar permite la existencia de empresas de construcción o distribución, a la par que entidades financieras relacionadas). Asumiendo que ambas situaciones tienen que darse…
¿Estamos realmente en un punto de equilibrio, o nos espera un reajuste?
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